El punk rock arruinó mi vida…

Bienvenidxs a esta, la que espero se convierta en su próxima sección favorita: El punk rock arruinó mi vida. 🤟🏻

Foto: @aguas_con_el_tlacuache

  Quiero iniciar presentándome. Fatima es el nombre que me dieron de nacimiento, Fa es el más común, Tlacuache soy cuando quiero hacerme la interesante, y Cihuacoatl cuando los espíritus de los mejores escritores se apoderan de mi pluma y me hacen escribir las más maravillosas historias. Lo que quiero decir es que no importa mucho el nombre si al final todxs somos iguales: artistas, mentes creativas e inquietas que sólo quieren encontrar una forma de que sus voces sean escuchadas.

  Como casi todxs ustedes, yo también fui una adolescente inquieta, sedienta de conocimiento y experiencias, muerta de curiosidad por saber cuál sería el efecto del alcohol en mi organismo y comprobar si realmente vería elefantes rosas o crecí fantaseando demasiado. A mis escasos 15 años yo quería comer el mundo a mordidas, quería entender por qué la maldad del mundo era tanta y cómo una persona podía llegar a cometer los crímenes más atroces, quería gritar todo aquello que me dolía hasta desgarrar mi garganta.

    Afortunadamente, encontré mi lugar en una de las comunidades más hermosas que existen: El Punk. Aquí la ley es hacerlo tú mismx, pero si podemos hacerlo todxs en comunidad es mucho mejor. He conocido a las personas más leales, creativas, conscientes, humanas, humildes y las mejores mentes en un espacio lleno de graffiti, stickers, grabado, arte urbano, poesía y música.

    El día que inicié esta maravillosa etapa (que nunca fue una etapa) fue el día que conocí a mi mejor amigo: un chiquillo con el brazo lleno de pulseras de tela a cuadros rosas, negros y blancos; ojos delineados, cabello largo, pantalones ajustados y converse sucios. El mundo de ese pequeño cabía en la memoria de un celular Sony Ericsson W380a en cuyos audífonos nunca dejaban de sonar las mejores canciones creadas por monstruos de la música de los 2000 como Asking Alexandria, Paramore, The Interrupters y claro, PXNDX. Gracias a ese sujeto, que hoy puedo llamar hermano, pude cruzar el umbral del mundo alternativo y no hubo nunca marcha atrás. Conciertos gratuitos, playera de bandas, pantalones negros, cabello de colores, y siempre con la mejor compañía. Y como la nuestra hay miles de historias en el mundo, historias donde la música y el arte unen a las personas para crear comunidades donde todxs compartimos los mismos sentimientos y, a veces, hasta perseguimos los mismos sueños. 

  Dicho esto, y al ser mi primera aparición, sólo quiero que sepas, que este será un espacio en el que hablaremos de cómo el arte siempre ha sido y será Punk: desde el renacimiento hasta la actualidad. Quiero que juntxs descubramos cómo el mundo siempre encuentra formas de resistir al sistema a través del arte. Por ahora sólo prepárate porque estás a punto de iniciar este gran viaje conmigo.

¡Qué viva el arte autigestivo e independiente!

Atte: Tlacuache.